
La sorpresa fue tan enorme como grata. Cuando analizábamos el enclave, con la posibilidad de observar la entrada a los valles en los cuatro puntos cardinales, sabíamos que podíamos encontrar algo pero en el lugar, no había señales de un pucará niNos nos quedó duda sobre la estancia allí de observadores y de viajeros, cuando encontramos piedra para molienda de sal y de granos, rotas y con pedazos faltantes. Alguno ya había depredado el luga
Una tormenta que comenzaba a avizorarse en los altos del Famatina, nos impuso una rápida salida del lugar. Debíamos recorrer un gran trecho por lechos de ríos, y allí el agua desborda los cursos muy rápidamente. No queríamos correr riesgo alguno. Pusimos marcha hacia Chilecito.
La jornada había sido por demás generosa. Aquellas señales en el cielo advertidas tempranamente, nos habían ungido. Poca veces estuve rodeado, inmerso, en tanta espiritualidad.


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