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miércoles, 8 de julio de 2009

Más Kilmes









Nos costo salir del sitio Kilmes, por los deseos contenidos de ponernos a excavar en los sitios de cultivo, es decir, más allá de la ciudadela. Fue fácil identificar cómo en la misma ladera, habían canalizado las aguas que bajaban encajonándolas con piedras. Sobre el recorrido de su cauce, afloran, incitándolas a levantarlas, tiestos de cerámica de uso doméstico en su mayoría. En algunas, es posible advertir el trabajo de engove y de adornos.
Teníamos otras imágenes del sitio, tomadas en 1982, cuando la reconstrucción era reciente y seguía dudosos criterios apartados incluso, de las advertencias de los profesionales en arqueología.
No era el único desatino de aquellos tiempos pues apenas una década antes, se había inventado un parque de menhires cerca del El Mollar (Tafi del Valle), sobre la ruta 307. Si bien el fin era que las fálicas piedras no quedaran bajos las aguas al inundarse el valle para la construcción del dique La Angostura, sólo tuvieron en cuenta criterios estéticos y dispusieron las piezas milenarias de acuerdo al paisajista, avalado incluso por la Universidad de Tucumán (dictadura militar mediante).



sábado, 4 de julio de 2009

Ruinas Kilmes

El valle de Yokavil es compartido por las provincias de Salta, Tucumán y Catamarca, y se continúa al norte con el valle Calchaquí propiamente. Desde un extremo a otro del valle, a lo largo de la RN 40, las principales poblaciones que encontramos son Cafayate, Tolombón, Colalao, Quilmes, Fuerte Quemado, Santa María y San José.Estos valles son lo que desde los tiempos de la conquista española se denominaron Valles Calchaquíes, debido al nombre de uno de los más importantes caciques de la zona Don Juan Calchaquí, cuya sede estaba en Tolombón, y quien logró conformar en el s XVII, una de las alianzas más grandes para resistir la invasión española. Por parte del pueblo Quilmes, la rendición la hizo el entonces cacique Martín Iquín: "Capitulose que se les perdonarían las vidas y haciendas, pero con condición que habían de desamparar el valle y ser encomendados a los vecinos en el lugar que les destinase el Gobernador” (Lozano, 1875). La pequeña ciudad con una ciudadela (marka) sita en el cerro Alto del Rey fue destruida por los españoles en 1667, tras oponer una fuerte resistencia durante los siglos XVI y XVII, pero finalmente fueron vencidos por el gobernador de Tucumán, Alonso Mercado y Villacorta. Su resistencia y fama fueron la excusa para ser castigados con la pena del destierro hacia un paraje muy lejano, la mayoría a las costas de Buenos Aires, dando origen luego a la actual ciudad de Quilmes en el Sudeste del Gran Buenos Aires, aunque otros fueron a San Miguel, Córdoba y Santa Fe. Más de 1000 almas según las crónicas deberían superar los más de 1.000 km. que los separaban de su destino, lo que aseguraría no volviesen a su tierra, es decir, aquellos que lograsen superar semejante marcha a pie en calidad de prisionero. Afortunadamente, algunos lograron escapar y se instalaron en cercanías de su antigua ciudad, ubicada hacia las coordenadas: 26°27′50″S, 66°05′20″O , a unos 2000 msnm.
Observamos algunos tiestos, encontramos indicios del lugar de la cocina en algunas de las viviendas y no pudimos dejar de lamentar que el desastre que los militares ocasionaron en el sitio, aún no han sido subsanados. Tras mucho batallar, los descendientes de aquella comunidad indígena logró en el 2007 que se hiciera efectiva la salida del concesionario Héctor Cruz de la explotación de la Ciudadela de los Kilmes. No hubo hasta el momento cambios positivos en la administración sino que por el contrario, hay un saqueo constante del sitio por parte de los visitantes que pueden comprar abiertamente restos de cerámica a los que cobran por ingresar a la ciudadela, sin que se conozca el destino de lo recaudado y sin recibir a cambio boleto o constancia alguna.
Pese a las recomendaciones de los especialistas, las obras del hotel avanzaron hasta integrar en su arquitectura a una gran piedra sagrada.
Nos despedimos de la Huaca tras inmortalizarnos, y ahora...rumbo a la ruta del adobe.

Kilmes

Tras cargar combustible en la pintoresca Amaicha del Valle, ciudad ubicada a 1997 m.s.n.m., nos pusimos en marcha. Admiramos el Observatorio, el Parque de los Cardones y echamos una mirada que ya tenía sabor a melancolía sobre el valle.
Pusimos rumbo a las Ruinas de Kilmes. Quilmes es el nombre de una etnia pazioca (llamados diaguitas por los incas), que en su lengua cacán, significa "entre cerros". Según el Padre Lozano, los kilmes procedían del Norte Chico en Chile y llegaron a los Valles Calchaquíes refugiados ante la expansión del Imperio Inca (Los calchaquíes se preciaban mucho de no haber admitido jamás dominio extranjero, como otros de sus vecinos, ni permitir aun a sus vasallos asentar el pie en sus territorios, en prueba de lo cual se sabe que como los Quilmes vinieron de la parte de Chile a esta de Calchaquí, por no sujetarse a los peruanos [quechuas], que por aquel reino [Chile] daban entonces [los quechuas] a sus conquistas, los recibieron [a los quilmes] los calchaquíes con las armas en la mano y tuvieron con ellos sangrientas guerras, creyendo eran vasallos del Inga [inca ], hasta que enterados que venían fugitivos de su patria por no sujetarse a aquel monarca, celebraron paces y [entonces los calchaquíes] les dieron grata acogida en su país, aplaudiendo su resolución, y después de tiempos, emparentados con ellos, fue esta parcialidad de los Quilmes una de las más famosa de [los Valles Calchaquíes]). Sin embargo, otros historiadores objetan esta procedencia, ya que los incas ya estaban en posesión de los Valles Calchaquíes y del Norte Chico cuando emprendieron la conquista de los valles centrales de Chile, no existiendo además evidencias arqueológicas que lo avalen.

sábado, 13 de junio de 2009

Quebrada de los Sosa

Desde Famaillá (tierra de la Madre Luz en quechua), ciudad famosa por sus empanadas y que se encuentra a 35 km. de la ciudad de San Miguel del Tucumán, marchamos por la ruta 38 y entramos en la 307 dirigiéndonos a la Quebrada de los Sosa. Este camino recién fue abierto a los vehículos en 1943, pues antes sólo era posible de ser cruzado caminando, o a caballo o mula. El constructor del tramo de la ruta fue el ingeniero norteamericano Richard F. Maury, quien también dirigió el emplazamiento de las vías por las que circula el Tren a las Nubes.
La quebrada nos presentó un camino con acantilados, cascadas y un río que atravesaba el barranco. El río que le da nombre a la quebrada es el mismo que aguas arriba se llama Tafí, y que baja espumoso desde los 2.000 metros de altura. La Quebrada de Los Sosa es una Reserva Natural provincial que abarca cerca de 900 hectáreas de selva a ambos lados del camino. La vegetación tiene tres perfiles definidos según la altura sobre el nivel del mar. Desde la boca de la quebrada, a 18 kilómetros de Acheral, hasta la estatua de El Indio (10 kilómetros camino arriba y ya a 963 metros de altura), lo que rodea al viajero es la selva subtropical también llamada selva de laurel, porque es característico de ella el laurel tucumano. Pudimos apreciar el esplendor de la selva tucumana (continuación de la yunga boliviana), pasamos por el Monumento al Indio, del escultor tucumano Juan Carlos Iramain, y desde allí nos regocijamos con sus vistas. Salimos de la quebrada entrando en una zona de suaves y verdes prados.
Por cuestiones de tiempo no entramos a El Mollar ni nos detuvimos a ver el lago artificial (700 hectáreas), pero si nos dimos un refrescante paso por el Vertedero del Dique La Angostura, que posibilitó el embalse sobre el valle del Tafí, y que detiene a los ríos Tafi y El Mollar.
Pasamos por Tafi del Valle y seguimos al Infiernillo, zona siempre de vientos fuertes. En este punto se producen las divisorias de aguas hacia el Oeste, o hacia la Cuenca del Plata (Este). Se encuentra a 3042 m.s.n.m. y fue el punto por donde en diciembre de 1543, ingresaron las huestes conquistadoras guiadas por el español Capitán Diego Rojas, quien unió el Alto Perú con estas tierras y que finalmente los indios juríes (santiagueños) lo pararon, matándolo con una flecha envenenada.
Tras asesorarnos sobre cuál era la ruta mejor con un lugareño, rumbeamos para Amaicha del Valle.